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El Tesoro dispara la rentabilidad de sus Letras a máximos desde 2024

El Tesoro Público ha adjudicado este martes 6.423,5 millones de euros en Letras a seis y doce meses. La subasta ha elevado los intereses ofrecidos a sus niveles más altos desde distintos momentos de 2024.

Redacción ·

El Tesoro Público ha celebrado este martes una nueva subasta de Letras a seis y doce meses en la que ha adjudicado 6.423,5 millones de euros, una cifra que 20minutos precisa en 6.423,49 millones. La colocación, dependiente del Ministerio de Economía, Comercio y Empresa, se ha saldado con un repunte de las rentabilidades hasta máximos desde 2024.

En el caso de las Letras a seis meses, el interés marginal se ha situado en el 2,845%, según Europa Press, su nivel más alto desde noviembre de 2024. Para las Letras a doce meses, la rentabilidad ha escalado al 3,068%, el nivel más elevado desde julio de 2024.

ABC enmarca la subasta en un contexto en el que la inflación se ha mantenido en el 4,9% durante el último mes debido a la estabilización del precio de las gasolinas. Ese mismo medio recuerda además que las Letras del Tesoro son valores de renta fija que no abonan un interés periódico.

La subida de los tipos ofrecidos en esta emisión refuerza el atractivo de estos títulos a corto plazo para el ahorrador conservador, en una referencia especialmente seguida por los pequeños inversores desde el giro alcista de las rentabilidades de la deuda en los últimos años. Las fuentes consultadas coinciden en que tanto el papel a seis meses como el de doce meses marcan niveles no vistos desde 2024, aunque distinguen que los máximos corresponden a meses diferentes dentro de ese ejercicio.

La subasta confirma que el Estado sigue viéndose empujado a pagar más por financiarse a corto plazo. Ese encarecimiento de la deuda, con la inflación aún en cotas elevadas según una de las fuentes, vuelve a poner el foco sobre la necesidad de una política económica más austera y de un mayor control del gasto público, una cuestión especialmente relevante cuando cada repunte del coste de financiación termina estrechando el margen de maniobra de las cuentas públicas.