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El gas se dispara mientras la luz negativa acelera la carrera por las baterías

El mercado energético afronta una doble tensión: el gas natural vuelve a niveles de la guerra de Ucrania y los excedentes solares hunden el precio mayorista de la electricidad por debajo de cero en momentos puntuales. Ese desequilibrio está impulsando el despliegue de baterías.

Redacción ·

El mercado energético encara dos señales de fuerte tensión que avanzan en direcciones distintas, pero con un mismo trasfondo de inestabilidad. Por un lado, el gas natural ha escalado hasta niveles que, según ABC, ya recuerdan a los registrados durante la guerra de Ucrania. Por otro, el abaratamiento de la energía solar está provocando tal volumen de excedentes que el precio mayorista de la electricidad llega a situarse por debajo de cero en mercados como California o España, de acuerdo con el análisis publicado por El País.

La información de ABC enmarca el repunte del gas en una crisis de Oriente Próximo que sigue abierta. El diario señala que, tras siete meses de convulsiones centradas sobre todo en el petróleo y en su suministro, en las últimas semanas se ha ido gestando un problema paralelo con el gas natural como protagonista. El aviso es especialmente relevante porque, aunque el foco principal había estado en el crudo, el encarecimiento del gas también puede trasladar presión al conjunto de la economía y a la factura energética.

En paralelo, El País subraya que la expansión de la solar está abaratando tanto la producción eléctrica en determinadas franjas horarias que aparecen excedentes difíciles de absorber por la red. Ese desequilibrio entre oferta y demanda empuja el precio mayorista a terreno negativo en algunos momentos. La consecuencia, según ese análisis, es un renovado auge de las baterías como herramienta para almacenar energía cuando sobra y liberarla después, cuando el sistema la necesita y el precio sube.

Ambos movimientos reflejan problemas distintos del mismo mercado. Mientras el gas vuelve a tensionarse por factores geopolíticos, la electricidad sufre el efecto contrario en horas de máxima producción renovable, con un exceso de oferta que deprime el precio. El resultado es un sistema sometido a volatilidad por arriba y por abajo: encarecimiento de una materia prima clave y hundimiento puntual del valor de la luz cuando la generación solar desborda la demanda inmediata.

La combinación de gas caro y precios eléctricos negativos retrata un mercado que necesita más capacidad de almacenamiento y una planificación menos complaciente. Los hechos apuntan a una vulnerabilidad doble: dependencia exterior cuando se tensiona el suministro internacional y falta de flexibilidad interna para aprovechar sin despilfarro el empuje renovable. Si el sistema no corrige esos cuellos de botella, consumidores y empresas seguirán expuestos a sobresaltos que acaban lastrando competitividad y estabilidad.