Francia se paraliza con una huelga general y fuerte despliegue policial
La jornada de protestas convocada por los principales sindicatos ha sacado a cientos de miles de personas a la calle en todo el país. Las cifras de asistencia varían según las fuentes, mientras el Gobierno afronta una nueva escalada de presión social.

Francia vive este jueves una huelga general convocada por los principales sindicatos, con manifestaciones en decenas de ciudades y un amplio despliegue policial. La movilización, anunciada con antelación desde finales de septiembre y al margen de las protestas estudiantiles, afecta a miles de trabajadores del sector público y vuelve a situar al Gobierno bajo una fuerte presión en la calle.
Las cifras de participación difieren según las fuentes. Por un lado, se preveía la salida de unas 780.000 personas en 260 manifestaciones por todo el país. Por otro, la Confederación General del Trabajo (CGT) ha señalado que más de 250.000 personas han participado en protestas extendidas a más de 70 ciudades francesas.
La jornada de paro y manifestaciones tiene como principal eje las reivindicaciones sindicales en materia económica y social. Entre las exigencias planteadas figuran la subida del salario mínimo, una mayor justicia tributaria y más inversión en los servicios públicos. Con estas demandas, las organizaciones convocantes buscan elevar la presión sobre el Ejecutivo en un contexto de malestar social sostenido.
El dispositivo de seguridad ha sido uno de los elementos centrales de la jornada. Las autoridades han reforzado la presencia policial ante la magnitud de las convocatorias y la extensión territorial de las protestas. La movilización se desarrolla así bajo una vigilancia reforzada, en un país acostumbrado a que las grandes protestas laborales deriven en episodios de tensión.
La huelga general se produce además en paralelo a otras expresiones de contestación social, aunque fue convocada de forma independiente. Ese cruce de protestas aumenta la complejidad política para el Gobierno francés, que encara una nueva demostración de fuerza sindical en las calles.
La jornada vuelve a retratar una Francia tensionada por viejos problemas económicos y por la dificultad del poder político para encauzar el descontento sin agrandar el gasto y la presión fiscal. Cuando los sindicatos sitúan en el centro más salario mínimo, más inversión pública y más redistribución, el pulso al Gobierno se mide también en su capacidad para preservar el orden, sostener los servicios y evitar que la calle marque la agenda institucional.
Imagen: Tantaka TV · CC BY 3.0


