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Israel encara unas elecciones marcadas por la guerra y el desplome de la izquierda

Benjamín Netanyahu llega a los primeros comicios desde el 7 de octubre en segunda posición, con Gadi Eisenkot como principal rival. La campaña se desarrolla bajo el impacto de Gaza y con una izquierda cada vez más irrelevante.

Redacción ·

Israel se encamina a sus primeras elecciones generales desde el ataque del 7 de octubre en un escenario político dominado por la guerra, la seguridad y la figura de Benjamín Netanyahu. Según El País, el primer ministro llega a la cita electoral en segunda posición tras 19 años en el poder, más que ningún otro dirigente en la historia del país. Ese mismo medio subraya además que pesa sobre él una orden internacional de arresto como sospechoso de crímenes contra la humanidad en Gaza.

La principal novedad de la campaña es el avance de Gadi Eisenkot, general retirado y excomandante del Ejército, a quien BBC Mundo sitúa como la mayor amenaza política para Netanyahu. La cadena británica destaca también el componente personal de su candidatura: perdió a un hijo en Gaza y ha dado el paso a la primera línea política en un momento en el que el conflicto marca toda la agenda nacional.

En paralelo, la izquierda israelí atraviesa una crisis profunda. ABC describe ese espacio político como un bloque en retroceso y sitúa uno de los símbolos de esa transformación en Sderot, la ciudad del sur de Israel junto a Gaza por cuyas calles penetraron los terroristas de Hamás el 7 de octubre. El diario presenta esa realidad como la expresión visible de un país donde las respuestas electorales se concentran cada vez más en posiciones asociadas a la seguridad.

Las tres fuentes coinciden en que el 7 de octubre y la guerra posterior han redefinido la campaña y el reparto de fuerzas. Mientras Netanyahu intenta una nueva supervivencia política apoyado en ese contexto bélico, Eisenkot emerge como el rival con más capacidad de disputarle el poder. Al mismo tiempo, el espacio tradicional de la izquierda aparece debilitado en un debate público dominado por la amenaza exterior y la gestión del conflicto.

Los hechos que recogen estas informaciones apuntan a una conclusión política clara: cuando la seguridad nacional pasa al centro de la vida pública, los electorados tienden a castigar a los espacios que no ofrecen respuestas convincentes o quedan desdibujados. La campaña israelí refleja ese giro y confirma, además, que incluso un dirigente tan cuestionado como Netanyahu sigue compitiendo con opciones reales en un terreno que conoce bien. La desaparición de una izquierda fuerte y el ascenso de perfiles militares muestran hasta qué punto el 7 de octubre ha alterado el tablero.